-"Es imperativo hacer saber a la
gente lo que hace el juego en la vida de las personas –dice Ana–, nos atrapa al
punto de no querer hacer otra cosa más que apostar, sin importar el dinero que
dejemos allí y mucho menos de donde proviene ese dinero.
Las cuentas por pagar se van
acumulando. Los zapatos que tengo puestos ahora son mi único par y tienen dos
años, para qué hablar de los zapatos de mis hijos que se caen a pedazos de
viejos, y yo me juego a diario el dinero con el que se podrían comprar dos o
tres pares.
Es algo que quien no lo ha vivido
no lo creería; creo que ésta es la peor de las locuras.
Mi casa, muy probablemente la
pierda por falta de pago.
Suicidio, lo he pensado muy en
serio... me detiene el pensar en el daño psicológico que causaría a mis hijos".
En un principio las máquinas
tragamonedas tenían mecanismos muy sencillos consistentes en tres o cuatro
rodillos con símbolos que otorgaban un premio dependiendo de la combinación que
arrojaran. Pero con la introducción de las máquinas electrónicas –de video- las
líneas de pago se multiplican –hasta 40-, y esto le da mas información al
apostador que supone que analizando las jugadas puede predecir los siguientes
resultados. De esta manera si la apuesta le genera algún premio se le refuerza
la fantasía de que está participando activamente en su obtención; a este
fenómeno se le conoce como “ilusión de control”.
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