Voy a jugarme un albur; con una baraja de oro. Que si lo
gano ya estuvo; y si lo pierdo ni modo. Canción popular mexicana.
En la entrada anterior
habíamos visto que el Presidente Plutarco Elías Calles y su grupo político
habían promovido la instalación de los casinos en la frontera norte de México,
debido a que estando vigente la ley seca en los Estados Unidos los americanos
venían en cantidades inusuales en busca de diversión a nuestro país.
El siguiente presidente en
turno después de Abelardo L. Rodríguez sería el general Lázaro Cárdenas, quien
ya no se sentía tan comprometido con el maximato –Calles y sus allegados-, sin
embargo, ese grupo político pretendió imponerle un gabinete presidencial. Como
respuesta, la madrugada del 10 de abril de 1936, Cárdenas,
acompañado por un cuerpo militar, saca a Calles de su casa (en pijama) y lo
lleva hasta un avión del Ejército mexicano que lo conducirá a California.
De esta manera, Cárdenas expulsa del país a Calles y pide la renuncia de
todos los callistas en su gobierno, a partir de ese momento continua emprendiendo acciones para distanciarse de
sus antecesores. Así que una de las maneras que usó para golpear al grupo que
había venido detentando el poder, era afectando sus intereses económicos, por lo
que Cárdenas decide prohibir los juegos de azar.
La prohibición de instalar
casinos en México data del 24 de junio de 1938, cuando en un decreto el
presidente ordenó su abolición, bajo el argumento de que por su propia
naturaleza, “son focos de
atracción del vicio, las mafias y la explotación por parte de apostadores
profesionales...”. Aunque era claro que detrás de su decisión había un
trasfondo político.
El mismo año de la
prohibición de los casinos, Lázaro Cárdenas establece las bases del sistema
político que ha prevalecido en México hasta la fecha, involucrando a los
sectores sociales que estaban fuera del juego del poder y que hasta entonces
pertenecía a los ganadores de la Revolución mexicana.
Cárdenas fue el último de
los presidentes militares y le cedió el poder a la sociedad civil de una manera
pacífica, por lo que se volvió una especie de santo patrono de la política; así que algunos de los cambios que
promovió se convirtieron en parte fundamental de la ideología del país:
nacionalización del petróleo, repartición de tierras en un sistema comunitario
–ejidos–, centrales obreras, organizaciones campesinas y populares como base
del sistema y, por supuesto, la prohibición de los casinos.
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