En sus
memorias, Roberto Fierro, piloto aviador al servicio del gobierno, recuerda
cómo lo llamó el presidente Calles y le dijo: “Nos falló el gobernador, ahora
usted es el gobernador”, e incluso reconoce que su perdición en el cargo fue
que “se hizo bolas con el juego”, y “la política en Chihuahua era el
juego".
Al
término de la Revolución mexicana, que quitó de la silla presidencial a Díaz,
hubo mucha inestabilidad política en el país ya que distintos grupos se estuvieron
disputando el poder, esta situación no
se normalizó hasta que el general Álvaro Obregón llega a la presidencia en
1920. Durante su gobierno, su secretario de Estado, el general Plutarco Elías
Calles apoyaba el establecimiento de casinos a pesar de la opinión en contra
del presidente.
Esta
actividad se había vuelto extremadamente lucrativa debido a que en Estados
Unidos fue proclamada la ley seca –1920-1933–, lo que propició que florecieran
cantinas, prostíbulos, hipódromos y casas de juego en los estados fronterizos,
especialmente en la zona de Mexicali, Tijuana y Ciudad Juárez. El general
Calles y sus allegados se beneficiaban económicamente al ser propietarios o
socios de los principales lugares de apuestas en el norte del país.
Cuando
Calles sucede a Obregón y llega al poder, incentiva aún más los lugares donde
se apostaba, incluso se dice que "quitaba y ponía gobernadores en
Chihuahua", estado cuya economía dependía en gran medida del juego.
Al término de su periodo, el
general Calles siguió gobernando a través de los siguientes tres presidentes
que le sucedieron, y que se subordinaron en mayor o menor medida a sus
intereses políticos: Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L.
Rodríguez. A ese periodo de la historia de México –1928-1934– se le conoce como
Maximato.
El último de los
presidentes que se sometieron a los designios de Calles, Abelardo L. Rodríguez,
había sido gobernador de Baja California y era el propietario del casino de Ojo
Caliente en Tijuana desde 1928; de todos los presidentes de ese periodo,
Rodríguez era el que más había hecho fortuna con sus negocios de apuestas. Cabe
resaltar que la ley seca de Estados Unidos terminó en 1933, lo que aplacó el
furor de los estadounidenses por viajar y apostar en las ciudades fronterizas
mexicanas. Debido a eso, el grupo del expresidente Calles había comenzado a
instalar casinos en el centro del país, como es el caso del Casino de la Selva,
en Cuernavaca, perteneciente al empresario español Manuel Suárez y a uno de los
hijos de Calles, y el Foreign Club,
en las afueras de la Ciudad de México, cuyo propietario era Abelardo L.
Rodríguez.
esto me es muy util para un informe sobre la historia de mexico. simpatico
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