El paciente ludópata requiere un tipo especial de tratamiento en el que se le de atención sin hacerle sentirse juzgado; la sensibilidad del terapeuta a veces puede ser más importante que la técnica en sí.
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domingo, 25 de noviembre de 2012

Historia del juego en México. El Maximato.


En sus memorias, Roberto Fierro, piloto aviador al servicio del gobierno, recuerda cómo lo llamó el presidente Calles y le dijo: “Nos falló el gobernador, ahora usted es el gobernador”, e incluso reconoce que su perdición en el cargo fue que “se hizo bolas con el juego”, y “la política en Chihuahua era el juego".

Al término de la Revolución mexicana, que quitó de la silla presidencial a Díaz, hubo mucha inestabilidad política en el país ya que distintos grupos se estuvieron disputando  el poder, esta situación no se normalizó hasta que el general Álvaro Obregón llega a la presidencia en 1920. Durante su gobierno, su secretario de Estado, el general Plutarco Elías Calles apoyaba el establecimiento de casinos a pesar de la opinión en contra del presidente.
 
Esta actividad se había vuelto extremadamente lucrativa debido a que en Estados Unidos fue proclamada la ley seca –1920-1933–, lo que propició que florecieran cantinas, prostíbulos, hipódromos y casas de juego en los estados fronterizos, especialmente en la zona de Mexicali, Tijuana y Ciudad Juárez. El general Calles y sus allegados se beneficiaban económicamente al ser propietarios o socios de los principales lugares de apuestas en el norte del país.

Cuando Calles sucede a Obregón y llega al poder, incentiva aún más los lugares donde se apostaba, incluso se dice que "quitaba y ponía gobernadores en Chihuahua", estado cuya economía dependía en gran medida del juego.

Al término de su periodo, el general Calles siguió gobernando a través de los siguientes tres presidentes que le sucedieron, y que se subordinaron en mayor o menor medida a sus intereses políticos: Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez. A ese periodo de la historia de México –1928-1934– se le conoce como Maximato.

El último de los presidentes que se sometieron a los designios de Calles, Abelardo L. Rodríguez, había sido gobernador de Baja California y era el propietario del casino de Ojo Caliente en Tijuana desde 1928; de todos los presidentes de ese periodo, Rodríguez era el que más había hecho fortuna con sus negocios de apuestas. Cabe resaltar que la ley seca de Estados Unidos terminó en 1933, lo que aplacó el furor de los estadounidenses por viajar y apostar en las ciudades fronterizas mexicanas. Debido a eso, el grupo del expresidente Calles había comenzado a instalar casinos en el centro del país, como es el caso del Casino de la Selva, en Cuernavaca, perteneciente al empresario español Manuel Suárez y a uno de los hijos de Calles, y el Foreign Club, en las afueras de la Ciudad de México, cuyo propietario era Abelardo L. Rodríguez. 

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