En otras ocasiones hemos mencionado que a diferencia del
resto del mundo en Latinoamérica las
mujeres van en mayor cantidad a los casinos que los hombres. Las razones de
esta situación son históricas; desde tiempos de la colonia las reuniones para
jugar cartas –incluyendo la tradicional lotería- eran uno de los pocos espacios en que las
mujeres podían sociabilizar sin ser mal vistas, de allí que con la apertura de
las salas de juego la costumbre de reunirse para jugar se trasladó a éstos
espacios. La gran mayoría de las mujeres llega a los casinos por primera vez respondiendo a la invitación de alguna amiga o familiar, así que es evidente que el juego para ellas lleva un alto componente social.
En los estudios de seguimiento a
ludópatas en recuperación se ha encontrado que el veinte por ciento de personas que recaen en el juego lo hacen en
una situación social. La presión social
puede ser directa, cuando alguien le hace al adicto al juego una invitación a
jugar; o puede ser
indirecta cuando se está en una situación
donde la gente juega. Ambos
escenarios pueden provocar ansiedad
incontrolable, y esto puede llevar a una recaída.
Ciertos amigos son más propensos a alentar al jugador compulsivo a apostar, hay que entender que estas personas no necesariamente quieren hacer daño, pero no comprenden el problema de la adicción. Es posible que solo quieran relajarse y pasar un buen rato o se puede dar el caso de que ellos sean adictos al juego y están en negación por lo que su decisión de no apostar de otras personas les molesta.
Amigos de alto riesgo
Una forma de manejar la presión social es anticipándola, así que como ejercicio se aconseja hacer una lista de los amigos que pudieran alentarnos a apostar. Y a continuación elaborar las siguientes preguntas.
¿Qué va a hacer cuando le sugieran que jueguen? Considere cuidadosamente cómo se siente cuando otras personas lo están animando a apostar.
Situaciones de Alto Riesgo Social
Por otro lado ciertas situaciones sociales provocan en nosotros el deseo de jugar, estas son normalmente las mismas en las que se ha jugado en el pasado. Pasar o entrar a ciertos lugares, ciertas personas, cierta música, eventos deportivos, fiestas, bodas, reuniones familiares. Todo ésto puede desencadenar antojos intensos.
Por otro lado ciertas situaciones sociales provocan en nosotros el deseo de jugar, estas son normalmente las mismas en las que se ha jugado en el pasado. Pasar o entrar a ciertos lugares, ciertas personas, cierta música, eventos deportivos, fiestas, bodas, reuniones familiares. Todo ésto puede desencadenar antojos intensos.
En las primeras etapas de la recuperación, el ludópata en recuperación tendrá
que evitar estas personas, lugares o actividades porque ponerse en una situación de alto
riesgo es buscar problemas. Si se tiene que asistir a un lugar donde habrá juegos
de azar, es aconsejable hacerse acompañar de alguien que está en su grupo de
ayuda o con alguien que le esté apoyando en la recuperación. Aunque lo más
razonable es evitar todo aquello que lo haga sentirse inestable.
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