Stu
Ungar fue uno de los mejores jugadores de póquer de la historia; tres veces
campeón mundial. Tenía memoria fotográfica y una inteligencia sobresaliente, a
pesar de eso el dinero que ganaba en las cartas –y ganó millones de dólares– lo
perdía apostando a los caballos, por lo que la mayor parte del tiempo estaba
quebrado.
Murió
a los 35 años por una sobredosis de drogas. Ungar alguna vez declaró: “Para mí todo se reduce a qué es
más importante la acción que el dinero”.
En 1957, Edmund Bergler, un reconocido psiquiatra por su
trabajo con apostadores, escribió La psicología del juego, que llegó a ser el
manual de referencia para problemas de ludopatía. Bergler pensaba –en la misma
línea de Freud–, que el jugador quería perder para "liberarse" de una
culpa inconsciente.
De acuerdo a los modelos psicoanalíticos, tanto los padres
demasiado protectores, como aquéllos que no satisfacen adecuadamente las
necesidades emocionales básicas del niño, pueden llevarlo a sentirse omnipotente
en el primer caso, o constantemente frustrado en el segundo. Es decir, algunos
niños son sobrevigilados y otros crecen en ambientes demasiado inestables, lo
que los vuelve ansiosos e impotentes, por lo que en el futuro van a presentar
dificultades para controlar su vida.
También es notable el número de jugadores con padres alcohólicos,
enganchados en drogas o que son jugadores. O aquellos padres que tienden a
infligir sufrimiento a su familia, o que tienen una vida miserable ellos
mismos. En cualquier caso, por razones obvias, ninguno de estos tipos de padres
es capaz de cuidar adecuadamente de un niño.
De la misma manera, algunos apostadores patológicos manifiestan haber
perdido alguno de sus padres por muerte o abandono; también se da el caso de
que los padres, especialmente el hombre, pueden ser demasiado críticos con el
niño o haberlo ignorado, lo que hace difícil que él se identifique con ellos. Estos
antecedentes provocan que algunos jugadores tengan el deseo inconsciente de
perder, como una respuesta a la culpa o puede representar una manera de repetir
–como un intento de dominar– sentimientos tempranos de abandono relacionados a
una figura de importancia.
La teoría psicoanalítica no explica satisfactoriamente todos los casos, por
lo que se han formulado más explicaciones para este problema; algunas son psicológicas,
otras biológicas o sociológicas.
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