El paciente ludópata requiere un tipo especial de tratamiento en el que se le de atención sin hacerle sentirse juzgado; la sensibilidad del terapeuta a veces puede ser más importante que la técnica en sí.
Marco Garza www.ludopaterapia.com contacto candianim@yahoo.com

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Fedor Dostoievsky


Fedja tomó ocho gulden; los tomó y perdió. Él tomó la misma sumaotra vez y la volvió a perder. Volvió por cuarenta más y me prometió incondicionalmente que traería a casa mis aretes y anillo que empeñó. Lo dijo en un tono de total convicción, como si ganar o perder dependiera solo de él. Por supuesto que esa convicción no le sirvió de nada, puesto que perdió el dinero nuevamente. Del diario de la esposa de Fedor Dostoievski. 
 

La afición desmedida a los juegos de azar es conocida desde siempre; durante la Edad Media y parte del Renacimiento era muy común culpar a los demonios de las conductas autodestructivas, por lo que en algunos tratados demonológicos se afirma que Asmodeus, el demonio de la lujuria, incitaba al juego y era el guardián de las casas donde se apostaba.

Además de las prohibiciones de la Iglesia, no fue hasta que el novelista ruso Fedor Dostoievsky –quien era adicto al juego y sufrió durante gran parte de su vida por las deudas que acumuló– publica su novela El jugador (1866) que tenemos el primer “estudio moral” del alma del apostador, es una historia amarga en la que el protagonista pone sus esperanzas en el azar para cambiar su destino sin poder conseguirlo.  
 

Estoy seguro que la vanidad era en parte responsable de esto; quería asombrar a los espectadores tomando riesgos insensatos. Pero entonces –una extraña sensación– claramente recuerdo que en cierto momento ya no era la vanidad la que me motivaba, sino el ansia terrible de tomar riesgos. El Jugador, Fedor Dostoievsky  

En 1928, Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, escribe un ensayo sobre Dostoievsky en el que toca el tema de la personalidad del apostador desde un punto de vista formal. Para Freud no se juega para ganar, sino por otros motivos inconscientes; principalmente por una especie de “masoquismo psíquico” que parte del deseo de recibir un castigo debido a un sentimiento de culpa. A partir de ese ensayo se empiezan a desarrollar teorías para entender la obsesión por el juego y a formularse algunas ideas para tratarla. Aunque en la práctica psicoanalítica se le consideraba más como un síntoma de otro problema que como una patología en sí. . . .Nunca descansaba hasta haber perdido todo: el juego para él era un asunto de autocastigo.  

Cuando el sentimiento de culpa se había calmado debido al dolor que se había infligido, la inhibición sobre su trabajo era menos severa. Freud en su ensayo sobre Dostoievsky.

No hay comentarios:

Publicar un comentario