Fedja
tomó ocho gulden; los tomó y perdió. Él tomó la misma sumaotra vez y la volvió
a perder. Volvió por cuarenta más y me prometió incondicionalmente que traería
a casa mis aretes y anillo que empeñó. Lo dijo en un tono de total convicción,
como si ganar o perder dependiera solo de él. Por supuesto que esa convicción
no le sirvió de nada, puesto que perdió el dinero nuevamente. Del diario de la esposa
de Fedor Dostoievski.
La afición desmedida a los juegos de azar es conocida desde
siempre; durante la Edad Media y parte del Renacimiento era muy común culpar a
los demonios de las conductas autodestructivas, por lo que en algunos tratados
demonológicos se afirma que Asmodeus, el demonio de la lujuria, incitaba al
juego y era el guardián de las casas donde se apostaba.
Además de las prohibiciones de la Iglesia, no fue hasta que
el novelista ruso Fedor Dostoievsky –quien era adicto al juego y sufrió durante
gran parte de su vida por las deudas que acumuló– publica su novela El jugador
(1866) que tenemos el primer “estudio moral” del alma del apostador, es una
historia amarga en la que el protagonista pone sus esperanzas en el azar para
cambiar su destino sin poder conseguirlo.
Estoy
seguro que la vanidad era en parte responsable de esto; quería asombrar a los
espectadores tomando riesgos insensatos. Pero entonces –una extraña sensación–
claramente recuerdo que en cierto momento ya no era la vanidad la que me
motivaba, sino el ansia terrible de tomar riesgos. El Jugador, Fedor
Dostoievsky
En 1928, Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, escribe
un ensayo sobre Dostoievsky en el que toca el tema de la personalidad del
apostador desde un punto de vista formal. Para Freud no se juega para ganar,
sino por otros motivos inconscientes; principalmente por una especie de
“masoquismo psíquico” que parte del deseo de recibir un castigo debido a un
sentimiento de culpa. A partir de ese ensayo se empiezan a desarrollar teorías
para entender la obsesión por el juego y a formularse algunas ideas para
tratarla. Aunque en la práctica psicoanalítica se le consideraba más como un
síntoma de otro problema que como una patología en sí. . . .Nunca descansaba
hasta haber perdido todo: el juego para él era un asunto de autocastigo.
Cuando
el sentimiento de culpa se había calmado debido al dolor que se había
infligido, la inhibición sobre su trabajo era menos severa. Freud en su ensayo
sobre Dostoievsky.
No hay comentarios:
Publicar un comentario