"Es como estar
en el ojo de
la tormenta así es como yo
lo describiría. La gente que está en la zona tiene una visión
clara de
la tragamonedas que
tiene al frente, pero
el resto del mundo está girando alrededor y uno no
puede percibir nada.
En realidad no se está realmente allí; solo se es uno con con la máquina y eso es todo lo que hay”. Mary
El testimonio anterior es el intento de una jugadora
compulsiva de explicar el tipo de percepción
que se alcanza después de estar jugando varias horas en una tragamonedas. Este
estado de disociación conocido como “la zona” es una recompensa en si más
fuerte que la expectativa de ganar un premio, de hecho la persona tiene
conciencia de que los premios son importantes únicamente porque le permiten
seguir jugando por más tiempo.
Es por eso que en los últimos años la industria se ha venido sofisticando; antiguamente las tragamonedas eran artilugios mecánicos
consistentes en tiradores y carretes
giratorios, pero las máquinas de hoy en
día son complejos dispositivos
montados en una plataforma digital
de 1.200 o más
partes individuales. El diseño del juego es un proceso de integración y ensamblaje que involucra hasta 300 personas entre guionistas;
artistas gráficos, publicistas, matemáticos y expertos en video, ingenieros de software, así como los diseñadores de
componentes auxiliares, como pantallas táctiles, lectores de billetes,
y los gabinetes de la máquina. "Las
máquinas modernas
rara vez son la obra de una empresa", dice la propaganda de un grupo especializado que las describe como, " sinfonías de tecnologías
individuales que se unen para crear
una experiencia única."
A lo que la propaganda hace referencia como experiencia única es a pasar el
mayor “tiempo de máquina” posible, solo así las demandas de los empresarios del
juego son satisfechas.
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